«Dudamel aterriza en Nueva York, con grandes ambiciones y una agenda apretada», tituló el New York Times. «¡Felicidades, Gustavo! Tu familia de ASCAP te celebra», publicó en redes sociales la American Society of Composers, Authors & Publishers.
A sus 45 años, el maestro venezolano Gustavo Dudamel se convirtió este jueves (11.09.2026) oficialmente en el primer latino en asumir la dirección musical y artística de la Filarmónica de Nueva York en sus casi dos siglos de historia, tras pasar por la Filármónica de los Ángeles.
La prestigiosa institución dio la bienvenida por todo lo alto a Dudamel como su nuevo director en el emblemático Radio City Music Hall, en un concierto inaugural de hora y media que rompió los moldes de la música clásica tradicional con colaboraciones de Lizzo, St. Vincent, Joaquina y Aaron Tveit.
Lejos de las sinfonías canónicas que suelen asociarse a una gran filarmónica, la velada fue una oda contemporánea y vibrante a la música popular, celebrada de pie y entre ovaciones constantes por un auditorio abarrotado.
La ciudad de Nueva York fue la otra gran protagonista de la noche: a espaldas de más de un centenar de músicos, una pantalla gigante proyectó durante toda la función una ilustración en blanco y negro del horizonte neoyorquino.
Una «arepa musical»
El repertorio arrancó con la obertura de ‘Strike Up the Band’ (1927), de George Gershwin. Acto seguido, la impronta de los 17 años que Dudamel pasó al frente de la Filarmónica de Los Ángeles se hizo patente con la elección del actor Liev Schreiber como maestro de ceremonias.
Schreiber desató las risas del público al definir al venezolano: «Imaginen si añadieran: una cucharadita de Billy Joel, una onza de Jean-Michel Basquiat, una taza de Tito Puente, una pizca de Barbra Streisand y absolutamente nada de Leo Messi. Luego, añadan varios miles de voltios de electricidad, una cantidad irrazonable de cabello, y una capacidad con el idioma inglés que todavía sigue siendo gloriosamente indomable. Horneen todo eso en una sola y gigantesca arepa musical, denle una batuta… y estarían bastante cerca».
El primer estallido de color llegó de la mano de la cantante St. Vincent, quien rompió la sobriedad escénica armada con una guitarra eléctrica roja para interpretar sus temas ‘Smoking Section’ y ‘New York’. Sin pudor, cantó los insultos de su letra, bajó al patio de butacas entre el público e incluso probó los aperitivos de los asistentes antes de salir de la sala.
El teatro musical de Broadway se apoderó de la Radio City con Aaron Tveit, quien transportó a la audiencia al Upper West Side neoyorquino de los años 50 con un medley o mezcla de las canciones de West Side Story: ‘Something’s Coming’ y ‘Maria’.
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