El rey Harald V de Noruega ha fallecido este viernes a los 89 años. El monarca, que llevaba ingresado desde el pasado 17 de agosto en el Hospital Nacional de Oslo, ha fallecido este 28 de agosto a los 89 años de edad, según ha informado en un comunicado la Casa Real noruega. En un principio, el rey ingresó en el hospital debido a una retención de líquidos relacionada con un tratamiento con cortisona. Sin embargo, su situación se complicó al detectarse una infección bacteriana en la sangre, además de la anemia hemolítica que padece.
“Con profundo pesar comunicamos que Su Majestad el rey Harald ha fallecido hoy. El rey Harald falleció plácidamente en el Rikshospitalet el viernes 28 de agosto, a las 06.35 horas”, indicó la Casa Real de Noruega en un comunicado. En su página web, la Casa Real de Noruega ha publicado un retrato con ese mensaje y un retrato del monarca fallecido.

Noruega llevaba desde ayer en vilo. En sus primeros días de ingreso, la evolución de Harald invitaba a un cierto optimismo. El monarca respondió al tratamiento con antibióticos y, el pasado 24 de agosto, la Casa Real aseguró que permanecía estable y sin cambios significativos. No obstante, en un giro de los acontecimientos, este jueves anunciaban a primera hora del día que su estado se había tornado “muy grave”.
En el trono desde 1991, el hasta ahora monarca reinante de mayor edad de Europa sufrió crecientes problemas de salud en sus últimos años, pero se negó tajantemente a abdicar. Al conocerse la noticia, el Palacio Real se ha ido llenando de ramos de flores y de cientos de personas que de modo espontáneo y sin contener las lágrimas no han dudado en acercarse hasta la residencia de la familia real.
La preocupación por la evolución de Harald se había podido apreciar en la actividad pública de la Corona estos últimos días. El príncipe heredero Haakon y la reina Sonia optaban por cancelar sus compromisos oficiales para centrarse en el monarca y permanecer a su lado durante estas horas de incertidumbre.
El Hospital Nacional de Oslo se convirtió así en el principal punto de encuentro de la familia real, que se desplazó hasta allí de manera recurrente desde que el soberano ingresó. La reina Sonia -que ha pasado en el interior del Rikshospitalet más de 10 horas al lado de su marido, con el que lleva casada 58 años-; la princesa Astrid (94), hermana mayor del rey y uno de sus grandes apoyos; los príncipes Haakon y Mette-Marit, ambos muy serios y de riguroso luto.
Además, la visita más sorprendente dejaba entrever un inminente y fatal desenlace: la del hijo de Mette-Marit, Marius Borg, que cumple condena a cuatro años de prisión en régimen de arresto domiciliario con vigilancia electrónica en Skaugum, la residencia de los príncipes herederos, y se habría desplazado al hospital para estar cerca de Harald, al que conoció siendo muy pequeño y al que siempre ha considerado su abuelo.
Los representantes políticos de Noruega habían ‘paralizado’ sus agendas y tanto el primer ministro como el presidente del Parlamento del país escandinavo habían cancelado sus actos institucionales a la espera del fatal desenlace.
Una figura de unión en momentos difíciles
Pese a sus poderes limitados como jefe de Estado, el rey inspiró unidad en Noruega, encontrando siempre las palabras adecuadas en los momentos difíciles. Uno de esos momentos fue después de que el neonazi Anders Behring Breivik matara a 77 personas en dos atentados el 22 de julio de 2011, la peor masacre ocurrida en Noruega desde la Segunda Guerra Mundial. “Creo firmemente que la libertad es más fuerte que el miedo. Creo firmemente en una democracia y una sociedad noruega abiertas”, declaró.
El rey también hizo suyos los valores progresistas del país escandinavo, algo que subrayó en un discurso con motivo de sus 25 años como monarca, en 2016. “Los noruegos son chicas que aman a chicas, chicos que aman a chicos, y chicas y chicos que se aman entre sí”, dijo, y añadió: “Los noruegos creen en Dios, Alá, el Universo y en nada”.

