Debut liguero para el Madrid con triunfo 1-2 ante Espanyol con gol de Carlos Espí al minuto 90. Es Carlos Espí, ese especialista en el área que no tenía. Un tipo capaz de bajar una lavadora o rebañar cualquier pelota en el área. El ariete firmó en el 90′ el primer triunfo del Madrid de Mou, muy similar al de Arbeloa, que fue perdiendo fuelle y ritmo. Arrancó notable, no supo contener la reacción del Espanyol y se expuso al intercambio de golpes, partido (cuatro que no defienden) y sin equilibrio. Los pericos cayeron con honor, mostrando hechuras de bloque armado, pero esta vez no le sonrió la apuesta de la contra.
Fue el de Mourinho un estreno prácticamente sin ensayos. Un entrenador recién llegado; nueve mundialistas en el once (solo Huijsen y Carreras faltaron a la gran cita); tres de los seis nuevos, con la aclimatación por aprobar; Courtois, Konaté y Mbappé con apenas tres semanas de entrenamiento y 45 minutos de juego; Bellingham con solo media hora. Un equipo sujeto con pinzas, pero obligado a ganar porque la Liga no espera a nadie. Menos a un equipo que lleva dos años en blanco. En el Madrid, donde hasta las derrotas en los amistosos hieren, eso es un estado de excepción.
Con pocos toques, vertical, cargando el juego especialmente por derecha con Dumfries doblando a Arda, y presionando mucho sin balón, el Madrid se puso pronto por delante. Funcionó el balón parado, con Arda de lanzador y Jude de llegador, y Mou se levantó a felicitar a su equipo por el trabajo bien hecho. El turco y el inglés capitalizaron la notable presentación blanca, que exigió alguna intervención de Dmitrovic. Una a Dumfries y otra a Mbappé, que apareció por los dos costados.
El Madrid empezó a desenfocarse por Vinicius. Recibió una patadita de Calatrava nada más empezar que no vio el colegiado y que merecía amarilla cuanto menos. Por gratuita y por injustificada. La acción soliviantó al brasileño, que empezó a perderse en peleas absurdas y a distraerse de su objetivo. Calatrava olió la tostada y se soltó en ataque. También se alargó el Madrid, que empezó a consentir el juego entre líneas de Javi Hernández. Se lastimó Huijsen en un choque con Roberto, sangró y tuvo que quedarse un minuto fuera por la atención médica, como si hubiese perdido tiempo. Absurdo. Total, que el Madrid se destensó, Javi Hernández llevó la jugada a la derecha, sirvió a segunda línea y Calatrava, libre entre Valverde y Carreras, enganchó el empate.
Acusó el Madrid la falta de control en la medular. Bernardo y Valverde aparecieron poco en esa propuesta de juego rápido, a pocos toques, y como Bellingham también acusó la fatiga, quedó reducido a la finura de Arda y a las arrancadas de Mbappé. Pudo bastar con una estampida del 10 que sacó con los pies Dmitrovic, pero también pudo irse al descanso en desventaja en un centro que Roberto no pudo cabecear cómodo.
No hubo cambio tras el descanso, y la vuelta dejó perplejos a los madridistas. Calatrava pudo arruinar su partidazo con una patada a Carreras, pero el colegiado se ahorró la segunda amarilla. Sánchez Martínez tampoco apreció cesión en una acción clara que tampoco se repitió demasiado, no vaya a ser. Total, que la segunda parte empezó sin dueño. Una para el Espanyol, con otra acción peleada por Roberto que Calatrava no aprovechó, solo de nuevo. Otra para el Madrid, del guante de Güler a la cabeza de Bellingham. Dmitrovic desvió al larguero.
