A Venezuela hay que ponerla en tonalidad de Re Mayor.
Y así comenzar a:
Repensarla.
Refundarla.
Reconstruirla.
Respetarla.
Reconciliarla.
En música, llevar una obra a otra tonalidad hace que suene diferente sin dejar de ser la misma obra. Quizá con Venezuela ocurra algo parecido.
Venezuela no necesita convertirse en otro país. Necesita volver a sonar como Venezuela, pero en otra tonalidad.
Repensarla antes de refundarla.
Porque refundarla no significa negar lo que fuimos ni empezar desde cero. Significa decidir qué merece permanecer, qué debemos abandonar y sobre qué principios queremos volver a construir.
Refundarla antes de reconstruirla.
Reconstruirla sin dejar de respetarla.
Reconciliarla, porque ningún país se reconstruye mientras una mitad necesite derrotar a la otra.
Reinstitucionalizarla, porque una nación no puede depender de que aparezcan las personas correctas, sino de instituciones capaces de sobrevivir incluso a las incorrectas.
Recuperarla, pero no para regresar a la Venezuela que fue. La nostalgia también puede ser una forma de quedarse atrapado en el pasado.
Reconectarla con el mundo y, quizá más difícil todavía, reconectarnos entre nosotros.
Y recordarla.
Recordar lo que fuimos, sí. Pero también lo que ocurrió. Lo que permitimos. Lo que dejamos deteriorarse. Lo que nunca debemos repetir.
Porque el prefijo re- contiene memoria. Repensar, reconstruir, reconciliar, recuperar: todos parten de lo que ya existió, de lo ocurrido, de lo aprendido o de lo perdido.
No se trata de comenzar otra Venezuela.
Se trata de hacer otra vez muchas cosas, pero esta vez hacerlas mejor.
Y quizá, después de tantos Re, llegue el más difícil de todos:
Regresar.
No solamente quienes nos fuimos.
Regresar a creer que Venezuela puede funcionar.
