El reciente «Pacto de Panamá» debe analizarse bajo una óptica de absoluta claridad política: la unidad es indispensable, pero jamás puede construirse a costa de diluir el liderazgo indiscutible de María Corina Machado. El panorama actual no es un accidente de la naturaleza; es el resultado directo de una ruta valiente que comenzó con las primarias de octubre de 2023 y se consolidó con la gesta histórica de julio de 2024. En esa fecha, María Corina aceptó el reto en el terreno del adversario, jugó bajo sus reglas tramposas y aun así, desnudó por completo al régimen ante el mundo. Desde esa noche, el madurismo no pudo volver a sostenerse de pie por sus propios medios, quebrando su legitimidad y abriendo las puertas a los acontecimientos definitivos que se desencadenaron el pasado 3 de enero.
Por lo tanto, resulta inaceptable que hoy existan actores de la Plataforma Unitaria que pretendan arrogarse como propio el acto heroico del 3 de enero. Da vergüenza ver a líderes que antes de esas fechas cruciales no movieron un dedo y permanecieron en la inacción, queriendo ahora cosechar los frutos de un esfuerzo que no sembraron. La autoría intelectual de este quiebre histórico tiene un solo nombre: María Corina Machado, ejecutado de manera impecable en el plano operativo por las fuerzas de los Estados Unidos. Intentar desviar el foco de la transición nacional para priorizar agendas menores, como priorizar las elecciones de gobernadores y alcaldes como pretendían algunos rostros en la foto de Panamá, es un profundo error táctico qué demuestra que a ciertos políticos se les olvidó el tamaño de la conquista que el pueblo venezolano ya logró.
La verdadera unidad que hoy necesitamos debe aglutinar a todas las fuerzas bajo una premisa firme: el respeto irrestricto a la conducción de María Corina y la materialización del cambio político de raíz. No estamos para componendas municipales ni regionales, menos para otorgar protagonismo a quienes intentan subirse al tren de la victoria a última hora. El Pacto de Panamá solo será útil si sirve como plataforma de presión internacional para acelerar la transición, respetando el mandato popular y reconociendo que la dirección política está firmemente establecida. Es hora de mantener la fuerza, la cohesión y la mirada fija en el objetivo principal: la libertad absoluta de Venezuela bajo el liderazgo que el país eligió.
