ABC: Donald Trump sacude el tablero opositor venezolano y eleva a Enrique Márquez como un posible articulador de la transición

Durante el discurso del estado de la Unión, Donald Trump presentó lo que llamó una “nueva etapa” en Venezuela tras la caída de Nicolás Maduro. En ese momento, señaló a una joven en la galería: era Alejandra González, sobrina del opositor venezolano Enrique Márquez. Poco después, apareció Márquez, recién liberado y traído desde Caracas, para abrazar a su sobrina ante todo el Congreso.

Esta secuencia fue integrada cuidadosamente en la narrativa política de la noche, diseñada para proyectar un cambio reciente en el país vecino.

La escena sirve para situar la visita de Márquez en un marco de logros promovidos por la Casa Blanca: liberación de presos políticos y cierre de El Helicoide, símbolo de la represión chavista. El objetivo, según el análisis de la sala, era condensar en un gesto televisivo un relato de progreso en Venezuela.

Pero el tema es que, pese a cientos de excarcelaciones desde enero, persisten numerosos presos políticos y restricciones que limitan la libertad de quienes fueron liberados, unas dinámicas de apertura son descritas como parciales y vigiladas, pero aún no indican un cambio pleno de régimen de Miraflores.

La intervención de Márquez en el discurso en el Capitolio no fue casual ni anecdótica, según fuentes citadas. Fue una jugada política bien hilada por Trump.

Su aparición encarna una decisión estratégica para proyectar un avance en Venezuela que la Casa Blanca quiere destacar ante una audiencia global.

Márquez, identificado como un dirigente de izquierda con trayectoria institucional opositora, representa un posible puente entre distintos sectores.

En ese marco, la narrativa busca asociar su liberación y el “apoyo al proceso” con la idea de una transición negociada.

«lo que está pasando es bueno, tenemos una oportunidad» y expresó su deseo de «aprovechar esta oportunidad para construir el país que todos queremos», en referencia a los cambios en Venezuela tras la captura del dictador Maduro, dijo Márquez.

El gabinete de Trump ha mostrado interés en un enfoque de alto impacto televisivo, buscando que figuras opositoras con perfiles diversos, como Márquez, aparezcan como símbolos de un proceso en curso.

En ese sentido, la ausencia de una foto directa entre Márquez y Trump, a diferencia de gestos previos con otros actores, sugiere una puesta en escena controlada para un momento concreto, con la intención de mantener el foco en la narrativa de cambio sin convertirla en un acto de legitimación personal.

Lectura doble

La decisión de convertir a Márquez en la cara visible de los presos liberados introduce una lectura doble: por un lado, subraya avances tangibles (liberaciones, fin de símbolos de represión); por otro, expone las limitaciones reales de esa apertura, ya que persisten restricciones y un amplio número de detenidos cuyo destino sigue en vigilia.

En esta ecuación ya hay análisis que de cuelan y afirman que Márquez podría funcionar como puente con sectores diversos, incluyendo la izquierda democrática venezolana, lo que alimenta especulaciones sobre su eventual papel en una transición.

En el interior de la Casa Blanca, la toma de decisiones sobre Venezuela se concentra en un núcleo cercano al presidente (con la participación de la secretaria de Estado a cargo de Marco Rubio y la jefa de gabinete), mientras otros perfiles con posiciones más duras hacia el régimen quedan fuera del centro.

Esta dispersión interna sugiere una vigilancia estrecha de las posibles vías de diálogo y negociación, con indicaciones de que se busca no solo presionar, sino también abrir canales para acuerdos con el régimen y con opositores en el exilio.

La operación Márquez revela una estrategia de comunicación política orientada a presentar una fase de transición como eje de la política exterior de Estados Unidos frente a Venezuela. Queda por verse si este montaje televisivo se traducirá en pasos concretos hacia una estabilidad duradera o quedará limitado a un relato de temporada, sujeto a la evolución de la situación interna venezolana y a la dinámica entre el régimen y la oposición.