Durante un siglo, los venezolanos crecimos bajo el lema de que el petróleo es «nuestro»; sin embargo, hoy enfrentamos una realidad brutal: somos dueños de las reservas más grandes del mundo, pero vivimos en la precariedad. La soberanía no se come, y el crudo en el subsuelo no construye hospitales si no hay capital para sacarlo.
Aquí surge la “Paradoja del Extractivismo”: Para recuperar la soberanía económica, necesitamos inversión extranjera; pero para atraer esa inversión, debemos ceder parte del control. ¿Cómo hacerlo sin repetir los errores del pasado?
En este punto nos encontramos con el mito del control total versus la realidad operativa, ya que históricamente, el debate se ha polarizado entre dos extremos que ya fracasaron:
- El Control Estatal Absoluto: Que terminó en desprofesionalización, corrupción y una industria en ruinas. Ser «dueños» de una empresa que no produce es una soberanía de papel.
- La Privatización Desregulada: Que podría convertir al país en un simple enclave extractivo donde las ganancias fluyen hacia afuera sin dejar desarrollo real ni transferencia tecnológica.
Entonces, para que el petróleo sea el motor de la reconstrucción y no una nueva cadena de dependencia, el debate político debe girar y unificarse en torno a la idea de una soberanía productiva que contemple Marcos Regulatorios modernos, donde no se venda PDVSA, y que el Estado sea un regulador fuerte, no un administrador ineficiente. El socio privado pone el capital y el riesgo; el Estado asegura la renta y el beneficio social.
En plena revolución tecnológica, debemos asegurar la transferencia de conocimiento, ningún contrato debería firmarse sin cláusulas de capacitación masiva para técnicos venezolanos, ya que la soberanía reside en el saber hacer, no solo en el tener.
También es importante recordar la lección de Noruega, respecto a los fondos de estabilización: la renta petrolera no puede ir directo al gasto corriente o a la campaña electoral de turno, debe ir a un fondo transparente que proteja al país cuando los precios bajen y para financiar la educación y la tecnología.
El verdadero desafío actual, es la transición energética, los políticos venezolanos debemos entender que el tiempo se acaba, la soberanía energética hoy está en estado de emergencia, cada barril que no saquemos en los próximos 20 años podría perder su valor para siempre, si las tecnologías en auge continúan consolidándose.
La soberanía real no es poseer el recurso, sino tener la capacidad de transformarlo en bienestar antes de que el mercado lo declare obsoleto, costoso, contaminante, no deseable o fácilmente reemplazable.
Para finalizar, dejo las preguntas de rigor para el debate político:
¿Cómo garantizamos que la «apertura petrolera» no sea un reparto de cuotas entre nuevas élites políticas?
¿Qué porcentaje de la renta petrolera debe blindarse por ley para la diversificación económica (agro, turismo, tecnología)?
