La académica sostiene que la amenaza militar estadounidense ha ido perdiendo fuerza con el paso de los meses, en parte por las divisiones internas en Washington. Advierte que un bloqueo petrolero más severo tendría consecuencias devastadoras para la población venezolana. Señala que esta presión externa fortalece la narrativa nacionalista del chavismo, refuerza su cohesión interna y le permite justificar mayores niveles de control, represión
La politóloga y escritora venezolana Colette Capriles considera que la actual escalada de presión de Estados Unidos contra Venezuela no persigue un desenlace bélico inmediato ni un cambio de régimen en el corto plazo, sino una estrategia de desgaste centrada en sanciones económicas, especialmente sobre el sector petrolero.
Según Capriles, el gobierno de Nicolás Maduro ha dejado claro que no puede vencer militarmente a Estados Unidos, pero sí puede resistir y prolongar cualquier escenario de confrontación. Esta lógica, afirma, se basa en doctrinas de guerra asimétrica que forman parte de la preparación de la Fuerza Armada venezolana desde hace dos décadas y que buscan encarecer y alargar cualquier conflicto para disuadir una intervención directa.
Mediante una entrevista con el medio chileno La Tercera, la académica sostiene que la amenaza militar estadounidense ha ido perdiendo fuerza con el paso de los meses, en parte por las divisiones internas en Washington y por el rechazo de la opinión pública a nuevas “guerras eternas”. En ese contexto, el énfasis se ha desplazado hacia la presión económica, con la incautación de buques petroleros y el endurecimiento de sanciones, una estrategia que ya fracasó entre 2019 y 2021.
Capriles advierte que un bloqueo petrolero más severo tendría consecuencias devastadoras para la población venezolana, que ya enfrenta una inflación estimada en 535% en 2025 y una reducción del flujo de divisas tras los cambios en la licencia de Chevron. A su juicio, las principales víctimas volverían a ser los ciudadanos, mientras que el gobierno cuenta con experiencia para trasladar los costos de la crisis y recurrir a otras fuentes de ingresos como la minería.
En el plano político, la analista señala que esta presión externa fortalece la narrativa nacionalista del chavismo, refuerza su cohesión interna y le permite justificar mayores niveles de control, represión y cierre del espacio cívico. Además, considera que el discurso de Donald Trump sobre el petróleo venezolano debilita su propia narrativa internacional, al desconocer el proceso histórico de nacionalización de la industria.
Respecto al apoyo de China y Rusia, Capriles estima que, en el caso de Moscú, se trata mayormente de respaldo retórico. China, en cambio, es un socio clave e inevitable para Venezuela, aunque mantiene una relación pragmática marcada por la desconfianza tras el impago de grandes préstamos.
Finalmente, la politóloga subraya que las escoltas navales ordenadas por Maduro tienen más valor simbólico que militar. Venezuela, afirma, ha sido cuidadosa en evitar provocaciones directas que puedan servir de pretexto para un ataque armado, apostando en cambio por una estrategia de resistencia prolongada frente a la presión de Washington.
